Dime tu nombre aunque no lo entienda. Besos asì.

Sigue...

La ausencia de “Ajinac” provocò una incomunicaciòn entre los adolescentes que desbordò el pensamiento, se buscaron hasta encontrarse... necesitaban estar en perfecta armonìa para poder interpretar los sonidos de la naturaleza en modo màs nìtido. Habìa una interferencia entre ellos que no les permitìa llegar en el momento preciso, donde sentìan el despertar de sus sentidos y el organo màs extenso de sus cuerpos se convertìa en una sola piel. Los pàjaros cantaban a veces en momentos inesperados, ocurrìan nuevos cantos y nuevas cosas y los nuevos habitantes traìan nuevos dolores, “Ajinac” sentìa que sus vestidos estaban estrechos, apretados y necesitaba siempre con màs frecuencia el deseo de nadar desnuda. Los dos enamorados se encontraban desarmònicos, hormonalmente eran distintos, varios soltizios atràs aconteciò el recibir sus trajes de adultos. Ella desde su nacimiento fuè destinada a ser la mujer de un consejero espiritual a el cual aùn no conocìa, ni querìa conocer. Kimbazala querìa solo a “Ajinac” para sì. La habìa mirado siempre desde los lugares altos, en la distancia y aunque no supiera su idioma estaba decidido a decirle de alguna manera que se sentìa en paz cuando la tenia cerca.

Ultimamente todo estaba en desorden, en la aldea decidieron convocar una asamblea en la que estarìan en vigilia muchas noches. Se dormìa poco. Muchos estaban cansados y no resistieron. Se sentìan truenos y relampagos, se nublò el cielo y un rayò cayò en el grande bohìo donde se reunìan para analizar la situaciòn. kimbazala habìa salido a beber agua cuando sintiò el estruendo que destruyò el techo de palmas llevandolo a cenizas, sintiò una vibraciòn en su cuerpo como los efectos amplificados de la picadura de un alacràn. Disipandose en pocos momentos lo dejò sin sentidos, durò varios dias con dolor de cabeza, fueron calcinanados trece de sus habitantes.

Hubo tanta confusiòn esa noche que no quisieron volver màs a esa aldea, Necesitaban hacer sepultura a sus muertos, màs no se sabìa donde, fuè una muerte repentina, sin precedentes, tenìan que consultar a sus dioses para tener el lugar preciso donde sus restos descansaran en completa armonìa con su muerte.

Mientras la sepaciòn involuntaria se acrecentaba comenzaron a llegar vientos fuertes y el cielo se volviò gris, la lluvia comenzò a ser màs fuerte, convirtiendose en tormenta, una confusiòn entre las aguas transportò una gigantesca piedra a la desembocadura del rio, lloviò durante muchos dias, el agua de la playa no era lìmpida, se veian ramas de àrboles gigantescos flotando, cuando todo terminò “Ajinac” soñò ser las ondas del mar, dormida podìa verse el cuerpo que ondulaba, sentìa su vaiven. Fuè una sensaciòn extraña, no podìa hablar, no sintiò miedo, simplemente se sintiò onduladamente libre, intentò hablar con un grito y se despertò, las demàs mujeres y niños no la sintieron solo su padre escuchandola se alzò de su hamaca. Le preguntò el porque de su grito y ella le respondiò que sintiò ser siete veces las ondas del mar.

Despuès del desastre de la separaciòn. Los dos jovenes acudieron al encuentro despuès de varias lunas, poco antes de llegar al rìo “Ajinac” viò el humo de la hoguera, supo que la armonìa entre los dos se habìa conclamado y puntualmente se vieron poco despuès de la salida del sol. Se entregaron al amor, en la hierba, dentro el rìo, en el mar, bajo el sol y ciertas veces bajo la luna.

La madre de “Ajinac” despuès de verla llegar casi siempre cuando chillaban los monos notò que no traìa nunca nada en las manos, llegaba con hambre, tejìa con una ligera sonrisa en sus labios y era màs atenta en las cosas del quehacer, ayudaba a la enseñanza de los niños indicandole como tallar las piedras, pudo asì modelar el bosque florecido y la cascada. Una noche el autillo la despertò y se dirigiò al mar. Lo viò, lo supo ahì, no podìa suceder nada a ese amor, eran en perfecta armonìa. Sintiò el sabor a cacao con miel en su boca y en el resto del cuerpo una sensazaciòn de mordaz lujuria, eso significaba la palabra “Ajinac” : besos asì.

El padre de Kimbazala no querìa conflictos con etnia alguna, ya tenìan con los nuevos habitantes, habìan emigrado hacia las partes màs lejanas, en intenciòn de paz, para el equinozio subirìan a la parte alta de la montaña sagrada y hablarìan con los sacerdotes para planear una uniòn como lo deseaba su hijo porque no tenìa pensado crear disputas.

Ocurriò nuevamente la recolecciòn del fique, èsta vez fueron acompañados de muchos màs habitantes, debìan reparar ciertas cosas en la comarca, no tubo que decirle a su amante, kimbazala al no verla desde la piedra donde se apostaba se fuè hacia el lago. Su madre la llamò con su verdadero nombre: Ucje-Zà-Ità.


                                                                                     continuarà...


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